lunes, 24 de febrero de 2014

HIROSHIMA, por Rubén Redondo


Soy un profundo admirador del anime japonés. Allá por inicios de los años noventa el cine de animación nipón, que los aficionados de por aquel entonces no dudábamos en denominar como manga, apenas era una isla rodeada por la marea del dibujo animado estadounidense. No obstante, las televisiones privadas aprovecharon su escasez de presupuesto para apostar por otros mercados diferentes al monopolio americano, introduciendo así en masa las grandes series animadas creadas por los principales estudios del lejano oriente. Si nos centramos en términos cinematográficos, fueron los noventa la década que permitió aterrizar en nuestro país al cine del Studio Ghibli y por tanto a su fascinador y singular universo, el cual para un espectador occidental no acostumbrado al profundo humanismo adulto del dibujo japonés era ciertamente cautivador.

Hiroshima

Me maravilla como los japoneses han sabido utilizar el arte animado para verter sobre el mismo historias ajenas al universo infantil, mezclando con una maestría propia de los grandes artesanos la mirada inocente que desprende el formato anime con historias turbias y oscuras, emanadas directamente del mundo de las pesadillas y los traumas, legando así obras imperecederas que se han quedado grabadas en la memoria. Es el caso por ejemplo de la demoledora La tumba de las luciérnagas, película que con un estilo poético insuperable dibujaba un esbozo cruel sobre las heridas que sajaron la vida de los japoneses durante y tras el Holocausto Nuclear de Hiroshima y Nagasaki.

Sin embargo, La tumba de las luciérnagas no fue la primera obra animada en ubicar su trama en la memoria del Holocausto. Años antes el cineasta japonés Mori Masaki tuvo la valentía de sacar a la luz una de las obras más excesivas, perturbadoras, devastadoras, terroríficas y brutales de las que ubicaban su sinopsis alrededor de los traumas que dejó tal infame acontecimiento en la mente de los testigos supervivientes. Y es que Hiroshima no solo fue el germen que dio lugar a la obra maestra de Isao Takahata, sino que podríamos calificarla como el reverso tenebroso y visceral de la misma. Pocas películas del anime japonés me han provocado un vacío tan intenso como Hiroshima y aún no adivino cual es el motivo de tal efecto.

Hiroshima

Quizás la explicación se encuentre en la propuesta narrativa por la que apostó Masaki, optando por dividir el film en dos partes claramente diferenciadas. En el primer tramo la cinta se centra en mostrar las peripecias experimentadas por una familia japonesa compuesta por un padre pacifista que se ha negado a participar en el conflicto bélico, una madre embarazada a punto de dar a luz a su retoño que apenas puede mantenerse en pie debido a la debilidad que muestra provocada por la falta de alimentación, y tres hermanos muy unidos, la responsable hermana mayor, el travieso e impetuoso Gen y el benjamín de la familia inseparable compañero de aventuras de Gen. En la primera parte, la cinta adopta un estilo muy clásico en el cual se observan los patrones más característicos del manga japonés: humor desenfadado apoyado en las diabluras de los dos hermanos protagonistas que sirven para dibujar el retrato de la sociedad japonesa de la época caracterizada por la escasez en la provisión de alimentos, así como por la presencia del patriótico orgullo nacional en cada una de las casas vecinas a la de la familia protagonista.

En este tramo del film la luminosidad del dibujo contrasta con la triste vida que los inconvenientes del destino acarrean a la familia de Gen. Igualmente, la fábula gira entorno a Gen, perfilando pues al personaje a la perfección a base de los pequeños acontecimientos que esbozan la pícara y piadosa personalidad del infante. Asimismo se describe la vida de Hiroshima en los días previos al lanzamiento de la bomba atómica por el Enola Gay, incluyendo de forma muy sutil e inteligente trazos bélicos accesorios (miedo a los bombardeos, despedida de familiares que parten hacia el frente, etc) que simplemente complementan la trama principal que adereza este vector.

Hiroshima

Sin embargo, la atmósfera del film da un giro radical justo en el instante en el que se rememora la escena del lanzamiento de la bomba nuclear. El estallido de la misma en el suelo de Hiroshima vuelca el cosmos del film de forma que la oscuridad y el cine de terror terminan apoderándose del mismo. Tras este monstruoso acontecimiento la cinta narrará la lucha por la supervivencia en un ambiente dantesco de los habitantes de Hiroshima y fundamentalmente de Gen y su madre. La secuencia que describe el estallido de la bomba es simplemente brutal y, porque no decirlo, repugnante. El flash luminiscente que emana del mortífero artefacto devorará la vida de ancianos, mujeres y niños de forma indiscriminada, provocando que los ojos se salgan de las órbitas y que las víctimas vomiten sangre directamente a la cara del espectador.

Masaki no duda en dibujar para impactar y sobrecoger al espectador en una de las secuencias de animación más horribles y chocantes de la historia del cine. La sensibilidad de La tumba de las luciérnagas torna en una brutalidad seca difícil de soportar que directamente se estampa en el cerebro. En mi caso particular, tuve que apartar la mirada de ciertos dibujos debido a la crueldad y violencia de los mismos. La línea caracterizada por el anime clásico se tuerce hacia el surrealismo influenciado por las pinturas negras de Goya, hecho éste que provocará un gélido escalofrío que recorrerá permanentemente todo el cuerpo del espectador. Es sin duda Goya el principal referente de Masaki a la hora de tallar el horror de la masacre.

Hiroshima

Por si fuera poco, este tremendo impacto se acrecienta por la sádica y atroz escena en la que el padre, la hermana y el bisoño hermano de Gen mueren achicharrados entre los escombros derruidos del hogar, sin que los esfuerzos desesperados de la aquejada madre y el pequeño Gen surtan efecto alguno. Tras estas dos escenas, mi cuerpo experimentó un vacío existencial de difícil recuperación. Las siguientes secuencias mostrarán la lucha por la supervivencia de Gen, su madre y el hijo recién nacido en un hábitat hostil plagado de zombies infectados por la irradiación nuclear. Así contemplaremos a seres de caras grises carentes de pelo y revestidos con heridas en las que los gusanos campan a sus anchas devorando la putrefacta carne humana, madres enloquecidas por el hecho de no haber podido salvar a sus hijos, seres momificados atormentados por sus heridas psíquicas y físicas y fundamentalmente la lucha de Gen por salvar a su madre y hermano, así como a un niño huérfano de tez muy parecida a su querido hermano desaparecido, lo cual sirve para lanzar una esperanzadora mirada sobre los esfuerzos y la lucha del hombre por sobrevivir ante el terror.

Tengo que advertir que la película no es apta para todos los estómagos. La real dureza de sus imágenes puede que no sean toleradas por cierto perfil de espectador, así como el exceso de bilis y la crudeza con la que se describen las consecuencias de los bombardeos nucleares. Quizás la famosa escena presente en Hiroshima solo sea comparable por el sadismo con el que se retrata el bombardeo con la secuencia que resume el mismo en la magistral Lluvia negra de Shohei Imamura. Es cierto que algunas críticas vertidas a la cinta acerca de su extremo realismo próximo al amarillismo más sensacionalista puede que sean fundadas. No obstante, en mi opinión ello es justificable desde la perspectiva de la narración descrita desde el punto de vista de la víctima. Sin duda, Hiroshima es un lienzo creado para expiar los traumas que el Holocausto provocó en buena parte de la población japonesa, y lo que me parece aún más magistral es que este cuadro no está dibujado con la rabia vengativa que podría justificarse dada la crueldad de los hechos sucedidos, sino que al contrario, Masaki traza una historia perversamente violenta, pero colmada de una mirada humanista con la clara pretensión de concienciar a víctimas y verdugos para que los acontecimientos proyectados no vuelvan a ocurrir bajo ninguna circunstancia, ya que las consecuencias serían irreparables para nuestro mundo.

Hiroshima

Es por ello que considero Hiroshima una película de imprescindible visionado para cualquier espectador sea o no amante del séptimo arte, ya que como propone Masaki, a veces es preciso experimentar el horror que emana la cinta para sensibilizar al espectador acerca de las terribles secuelas de la política nuclear, legando igualmente una bella parábola acerca de la capacidad de superación y supervivencia que acicalan al espíritu humano. Por favor, sean valientes y atrévanse a experimentar los horrores de la guerra.


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